Científicamente feminista

Científicamente feminista

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En CiPaTo hablamos de todo. En la investigación existen los biais o mejor conocidos en español como sesgos. Un sesgo es la forma en la que la información se presenta sin informar toda la información. El sesgo puede deberse a una mala interpretación o a propósito. Hay sesgos de publicación, de tiempo de diversificación de la información, de citación o no de resultados, de no comprensión, por ejemplo: un idioma, o la selección de información publicable, de muestreo o de recursos económicos.

Hay un sesgo en particular del que no se habla mucho ya que genera mucha polémica el sesgo de género, en particular hacia el género femenino, más específicamente la genética XX. Spoiler alert: Digo XX porque existe en la experimentación preclínica donde aún no incluimos humanos y aún así hay falta de información. Este sesgo se produce debido al curso de la historia en diferentes culturas.

Hay dos situaciones de sesgo de género en la ciencia:

El primero es de estudios que incluyan la genética femenina y las particularidades que esto representa

Hablar de ciencia con perspectiva de género no es una queja: es un llamado a la inclusión y a la comprensión. Durante siglos, las mujeres han ocupado un lugar marginal en los estudios científicos, no porque no estuvieran capacitadas, sino porque la estructura misma de la investigación fue pensada por y para hombres.

Hoy sabemos que la ciencia gana cuando las mujeres participan en igualdad de condiciones: en los laboratorios, en los puestos de decisión, en los comités de ética, en la escritura de artículos y en la creación de políticas públicas. Sin embargo, la inclusión real no se limita a sumar nombres femeninos en las nóminas: también implica preguntarnos qué ciencia estamos produciendo y para quién.

El segundo es de la inclusión de las mujeres en trabajos científicos, so un género de muestreo.
Lo que sabemos “científicamente” de las mujeres

Durante mucho tiempo, los estudios clínicos y preclínicos se realizaron casi exclusivamente en hombres. ¿Las razones?

  • El presupuesto: incluir mujeres (y aún más, mujeres en distintas etapas del ciclo hormonal, embarazo o menopausia) se percibía como “encarecer” los estudios.
  • El tiempo: ajustar protocolos que contemplen variables de género se consideraba (todavía pasa) demasiado largo.
  • La supuesta falta de necesidad: se asumía que lo que funcionaba en un hombre funcionaría también en una mujer.
  • La complejidad hormonal: la variabilidad femenina se veía como un obstáculo en lugar de una fuente de conocimiento.
  • La homogeneización de la muestra: los diseños buscaban minimizar diferencias, cuando en realidad esas diferencias eran cruciales.
  • La tradición científica: por inercia, se replicaron modelos que ya estaban establecidos, aunque estuvieran incompletos.
  • La presión de resultados rápidos: los estudios con enfoque de género se etiquetaban como poco prácticos en un mundo que premia la velocidad y la publicación.

Por otro lado, la forma en la que las mujeres expresan ciertos síntomas es diferentes de la de los hombres en algunas ocasiones. Esto crea otro sesgo de interpretación, ya que para un hombre probablemente signifique un síntoma insignificante dentro de su comprensión o que simplemente no lo ha experimentado. Además, el silencio cultural crea una barrera que generaliza algo que podría ser importante. Como resultado, ese síntoma no es tomado en cuenta y no hace parte de la evaluación o de la alerta de que algo está sucediendo. Al final ni siquiera es una variable de estudio ya que no es reconocida ni siquiera por otras mujeres.

Ciencia para mujeres, ciencia con mujeres

Crear ciencia para mujeres no significa encerrarla en una categoría exclusiva o segregada. Significa ampliar el espectro, incluir la realidad biológica y social de la mitad de la población que ha sido históricamente invisibilizada. Es entender que un tratamiento, una dosis, un medicamento o un diagnóstico no funcionan igual en todos los cuerpos. Ejemplo en una mujer puede que necesites dosis diferentes según la etapa de su vida y su ciclo menstrual para un mismo tratamiento, aunque sea corto, mientras que en un hombre solo necesitarás una dosis que varía según la etapa de su vida.

Ser “científicamente feminista” es exigir rigor, no privilegio. Es reconocer que cuando la ciencia incluye a las mujeres, la calidad y la utilidad de los resultados mejoran para toda la sociedad.

Porque al final, no se trata de separar, sino de sumar. Y cada vez que se escucha un “no es necesario”, “es demasiado caro” o “es complicado”, lo que hay detrás no es ciencia, sino una barrera cultural que podemos y debemos transformar.